Amazonia
La amazonia es un conjunto de ambientes tropicales que ocupa más de 7,5 por ciento millones de kilómetros cuadrados en ocho países (Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Perú, Venezuela, Guyana y Surinam) y un territorio (Guyana Francesa). En esta superficie existen dos grandes cuencas hidrográficas: la del río Amazonas propiamente dicha, que ocupa la mayor superficie, y la del río Tocantes, mas pequeña.
Si bien el paisaje dominante corresponde a la selva tropical húmeda, la región no es homogénea y se pueden distinguir varios tipos, en los que además se intercalan otros ecosistemas. Los altos niveles de la biodiversidad y endemismo, donde las especies tienen rasgos de distribución acotados y los ecosistemas son frágiles, generan muchas limitaciones para los usos productivos del territorio.
La historia de la Amazonía tiene raíces antiguas, mucho antes de la llegada de españoles y portugueses, la vastedad amazónica - desde las estribaciones andinas hasta la desembocadura del río Amazonas será habitada. En ella existieron grandes culturas, que desarrollaron una agricultura avanzada y un arte notable y, también, numerosas y diversificadas culturas forestales que durante milenios supieron mantener una relación armoniosa y productiva con la naturaleza. La ocupación europea estableció actividades marcadamente distintas de las de los pobladores originales.
La amazonia es, el 7 por ciento de la superficie del planeta y es el bosque tropical húmedo más extenso que existe. Su flora y fauna constituyen, por sí solas, más de la mitad de la biota mundial, conformada por cientos de miles de plantas y millones de animales, muchos aún desconocidos para la ciencia. Sus aguas representan del 15 al 20 por ciento de toda la reserva de agua dulce del planeta y el río Amazonas vierte el 15,5 por ciento de las aguas no saladas que llegan a los océanos. Estas son captadas a través de un laberinto de afluentes, lagos, canales y ríos de todos los tamaños, con cursos torrentosos o todavía indecisos, que serpentean en la selva.
Hoy la Amazonia alberga una población de 20 millones de personas, compuesta de agricultores, mineros y pueblos del bosque: amerindios nativos, caucheros, residentes de las riberas, que viven en gran medida del extractivismo y de la caza y la pesca. Sin embargo, es importante tomar nota de que la mayoría de sus habitantes viven en ciudades y centros poblados de la región y que la gran mayoría no son originarios de la Amazonia sino que provienen de los lugares más pobres de sus países, de los que emigraron en búsqueda de tierras más promisorias. La pobreza y las desigualdades humanas son pues fuerzas fundamentales en los procesos de ocupación y destrucción de la Amazonia.
Una considerable proporción de los que habitan las ciudades amazónicas, como en otras de América Latina, viven en condiciones infrahumanas en los barrios informales periféricos. Como sus predecesores, los inmigrantes a la amazonia, no encuentran un espacio vacío ni un territorio virgen.
Un rasgo que distingue a la población amazónica es su compromiso, su alianza con la naturaleza. Los indígenas por su parte y caucheros y ribereños por otra, han vivido respectivamente durante milenios y siglos en estrecha asociación con la naturaleza. Para eso, han desarrollado estrategias ingeniosas y tecnologías apropiadas, que brindan lecciones de alto valor para el futuro.
Durante siglos se prestó poca atención a los pueblos indígenas, salvo para considerarlos obstáculos al desarrollo. Ahora, sin embargo, los conocimientos, técnicas y cultura de las comunidades indígenas se reputan esenciales para el desarrollo sustentable de la Amazonia. Hoy día, al cabo de una larga y difícil lucha por la supervivencia, subsisten en la Amazonia más de 400 grupos étnicos, con una población de aproximadamente un millón de personas.
Los indígenas están comprometidos a recuperar, proteger y fortalecer, su cultura, sus idiomas y sus conocimientos y a obtener el reconocimiento legal de los territorios que necesitan. Demandan que se les reconozca como ciudadanos con igualdad de derechos, pero también que se respete su identidad cultural. Desean conservar y ser remunerados por su aporte al conocimiento tecnológico. Una estrategia clave para el desarrollo sustentable de la Amazonia consiste en aprender de las comunidades indígenas e incorporarlas a los procesos de decisión.