Pocas veces me vi en tantas disyuntivas, cuando nos encontramos dispersos en pensamientos vengativos, nos cegamos. Mis reflexiones casi siempre se adecuan de acuerdo a la crítica de lo peor de nuestra sociedad. Me asquea la corrupción, la mediocridad, la sinverguezeria. Odio en forma especial la autoridad que te da el poder; pero a la vez, en mis sueños mas locos imaginándome poderoso, me vi gobernando con mano dura, aniquilando la maldad del mundo, tratando que las personas buenas sean los triunfadores de nuestro mundo, a pesar que el método para lograrlo aniquila esta utopía. Hoy imagine la frase del mayor Rivas, sobre la guerra interna librada en nuestro país: “Nadie tiene derecho a quitarnos lo nuestro. Por eso, aquellos que desangran nuestro país, que matan a nuestros hijos y que destruyen aquello que no han construido, para esclavizar al Perú, van a ser eliminados. Ellos y su veneno. Este es mi compromiso”. Esta reflexión del mayor Rivas, no lo hace cuestionable, se nota entonces a un hombre lleno de convicciones, alguien con el valor suficiente para lograr nuestros sueños mas imposibles, derrotar nuestros miedos internos y a partir de un poder construir un mundo considerado desde su perspectiva “feliz”. Sé que la sociedad no –siempre- puede encontrar razón alguna en el asesinato de personas; se considera al asesinato de forma inmediata, como algo malo, la muestra más despreciable de nuestra deshumanización. Imaginamos un mundo perfecto a partir de la enseñanza moral, creemos que nuestra idealización valorativa es la perfecta y gracias a las leyes demostramos que estamos en el camino correcto.
Hoy, de tarde, me pregunto, quién no gozó ante esos grandes wensters, donde el héroe generalmente extermina a la banda malhechora, quién no se solidariza con el héroe policial que luego de atravesar las más terribles amenazas logra terminar con el antihéroe, capaz de resucitar sólo para acabar con la humanidad que aborrece.
El mayor Rivas alguna vez dijo que era un héroe, yo hoy luego de reflexionar ante sus palabras lo considero así -sólo para el caso de la muerte a terroristas- no pretendo justificar su acción pero considero que las muertes ocasionadas por la guerra interna y especialmente las muertes ocasionadas por su comando de aniquilamiento, pueden llegar a estar extrañamente justificadas. ¿Extrañamente?, claro por que desde el punto de vista de lo correcto que nos impone la sociedad, es totalmente justificable. La muerte del niño me parece lo peor de la acción. Me pongo en el lugar de los comandos, en el espacio dado de la arremetida y no encuentro justificación alguna, es la razón perfecta para poner en el lugar de los acusados a estos hombres. Pero qué mayor castigo no sentirán estos hombres, dada su condición de comandos especiales, de haber fallado ante algo tan elemental: “arremetemos contra la maldad, los destruimos, pero en el camino nos llevamos a la esperanza social, al futuro, al ente que esta destinado a vivir en nuestro mundo feliz”. Ilógico no…
Que estén en el banquillo de los acusados hoy, no los hace menos que nadie. Creo que son tan causantes del fin de la guerra interna como los demás personajes que influyeron grandemente en esta causa: la Policía Nacional del Perú, las Fuerzas Armadas, la élite política, las organizaciones sociales y campesinas y muchos más etcéteras. Es más, creo que el terror causado a la organización terrorista en la época debió ser terrible: “Así como ellos actuaban, actuaba el gobierno”, la repuesta del ojo por ojo. Se imaginan al gobierno colombiano, organizando un comando de elite especializado en el secuestro y asesinato selectivo de lideres terroristas, de miembros sociales y políticos de su impresionante organización criminal, puede ser que allí este la repuesta que “otros” busquen.
Cuando menciono a las victimas de Barrios altos y la Cantuta, me refiero a ellos como ejemplos, esta claro, desde todo punto de vista, que ellos pueden ser o no miembros terroristas. Quizás su único delito haya sido reunirse para hacer la tesis más impresionante salida de su universidad; quizás su único delito haya sido querer hacer una pollada para recaudar fondos pro salud. Creo que están allí las preguntas que nos debemos responder, ¿eran realmente terroristas?, el ejército acaso guarda información clasificada que ayude en algo a estos hombres hoy calificados de asesinos a sueldo. Pueden los procuradores peruanos, sentarse en su oficina mientras su casa, mujer, hijos habían sido despedazados en Tarata, se imaginan a Ronald Gamarra, pistola en mano, asesinando al enemigo que acaba de traer la cabeza de su mujer en una caja de cartón, como en la película “Seven” -¿le encontraremos justificación a su acción?-. Sé que es un hombre que ama las leyes, sé que se encuentra asqueado de estar ante un asesino como el Mayor Rivas…
Me imagino una sociedad feliz, viendo al corrupto de Fujimori ante las rejas, por lo que hizo -y esta claro eso en nosotros hoy- su régimen de corrupción y robo, su falta de respeto a las organizaciones sociales, y políticas del Perú, al desangramiento moral al que condujo a nuestra patria junto al mediocre Montesinos. Pero, me pregunto: ¿No somos lo suficientemente inteligentes para meterlo a la cárcel por estos delitos? Claro que estos delitos pueden ser menores, ¿pero juntos no establecen su clara traición a la patria?, el hecho de ser japonés lo descalifica totalmente y por ello su sola presencia en el país me causa los estremecimientos mas desagradables.
Hoy, encuentro en la labor de los comandos una explicación que quizás no todos compartan: considero que hay tareas que a veces la vida te obliga a cumplir; desde una perspectiva que puede estar equivocada en su estructura, pero es tu tarea y el destino ¿DIOS?: te puso allí para cumplirlas. Considero, desde mi humilde punto de vista, que lo lograron, con errores fatales, inexplicables, pero los cumplieron; aunque luego su accionar se desvirtuara para favorecer al prófugo y su compinche, haciendo que su labor no encuentre el eco explicativo y sólo se reduzca a la venganza social que espectamos hoy, propia de su accionar delictivo. En esta tarde, creo que el futuro los absolverá, me intriga saber si pedirá disculpas por sus errores, por su elección. Ya veremos en el cine del lado de quien nos ponemos.
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Hoy, de tarde, me pregunto, quién no gozó ante esos grandes wensters, donde el héroe generalmente extermina a la banda malhechora, quién no se solidariza con el héroe policial que luego de atravesar las más terribles amenazas logra terminar con el antihéroe, capaz de resucitar sólo para acabar con la humanidad que aborrece.
El mayor Rivas alguna vez dijo que era un héroe, yo hoy luego de reflexionar ante sus palabras lo considero así -sólo para el caso de la muerte a terroristas- no pretendo justificar su acción pero considero que las muertes ocasionadas por la guerra interna y especialmente las muertes ocasionadas por su comando de aniquilamiento, pueden llegar a estar extrañamente justificadas. ¿Extrañamente?, claro por que desde el punto de vista de lo correcto que nos impone la sociedad, es totalmente justificable. La muerte del niño me parece lo peor de la acción. Me pongo en el lugar de los comandos, en el espacio dado de la arremetida y no encuentro justificación alguna, es la razón perfecta para poner en el lugar de los acusados a estos hombres. Pero qué mayor castigo no sentirán estos hombres, dada su condición de comandos especiales, de haber fallado ante algo tan elemental: “arremetemos contra la maldad, los destruimos, pero en el camino nos llevamos a la esperanza social, al futuro, al ente que esta destinado a vivir en nuestro mundo feliz”. Ilógico no…
Que estén en el banquillo de los acusados hoy, no los hace menos que nadie. Creo que son tan causantes del fin de la guerra interna como los demás personajes que influyeron grandemente en esta causa: la Policía Nacional del Perú, las Fuerzas Armadas, la élite política, las organizaciones sociales y campesinas y muchos más etcéteras. Es más, creo que el terror causado a la organización terrorista en la época debió ser terrible: “Así como ellos actuaban, actuaba el gobierno”, la repuesta del ojo por ojo. Se imaginan al gobierno colombiano, organizando un comando de elite especializado en el secuestro y asesinato selectivo de lideres terroristas, de miembros sociales y políticos de su impresionante organización criminal, puede ser que allí este la repuesta que “otros” busquen.
Cuando menciono a las victimas de Barrios altos y la Cantuta, me refiero a ellos como ejemplos, esta claro, desde todo punto de vista, que ellos pueden ser o no miembros terroristas. Quizás su único delito haya sido reunirse para hacer la tesis más impresionante salida de su universidad; quizás su único delito haya sido querer hacer una pollada para recaudar fondos pro salud. Creo que están allí las preguntas que nos debemos responder, ¿eran realmente terroristas?, el ejército acaso guarda información clasificada que ayude en algo a estos hombres hoy calificados de asesinos a sueldo. Pueden los procuradores peruanos, sentarse en su oficina mientras su casa, mujer, hijos habían sido despedazados en Tarata, se imaginan a Ronald Gamarra, pistola en mano, asesinando al enemigo que acaba de traer la cabeza de su mujer en una caja de cartón, como en la película “Seven” -¿le encontraremos justificación a su acción?-. Sé que es un hombre que ama las leyes, sé que se encuentra asqueado de estar ante un asesino como el Mayor Rivas…
Me imagino una sociedad feliz, viendo al corrupto de Fujimori ante las rejas, por lo que hizo -y esta claro eso en nosotros hoy- su régimen de corrupción y robo, su falta de respeto a las organizaciones sociales, y políticas del Perú, al desangramiento moral al que condujo a nuestra patria junto al mediocre Montesinos. Pero, me pregunto: ¿No somos lo suficientemente inteligentes para meterlo a la cárcel por estos delitos? Claro que estos delitos pueden ser menores, ¿pero juntos no establecen su clara traición a la patria?, el hecho de ser japonés lo descalifica totalmente y por ello su sola presencia en el país me causa los estremecimientos mas desagradables.
Hoy, encuentro en la labor de los comandos una explicación que quizás no todos compartan: considero que hay tareas que a veces la vida te obliga a cumplir; desde una perspectiva que puede estar equivocada en su estructura, pero es tu tarea y el destino ¿DIOS?: te puso allí para cumplirlas. Considero, desde mi humilde punto de vista, que lo lograron, con errores fatales, inexplicables, pero los cumplieron; aunque luego su accionar se desvirtuara para favorecer al prófugo y su compinche, haciendo que su labor no encuentre el eco explicativo y sólo se reduzca a la venganza social que espectamos hoy, propia de su accionar delictivo. En esta tarde, creo que el futuro los absolverá, me intriga saber si pedirá disculpas por sus errores, por su elección. Ya veremos en el cine del lado de quien nos ponemos.
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